DIA TRES. La casa del mal. El campamento se traslada hacia un antiguo cementerio, por causas de fuerza mayor- dijo el entrenador, y !fue todo¡. Con el tiempo descubrí que, en realidad se trataba de otra de las muchas pruebas que había que vivir. Una mesa de madera de cedro, algunas sillas , no recuerdo haber contado más de 6 y dos o tres catres, de estructura de madera con lienzo de hilo de ixtle. La casa de ladrillo expuesto sin revocar, consta de dos habitaciones, La de la entrada con dos puertas, una frente a la otra y en el costado este, la ventana que daba hacia una cocina rústica, lúgubre, con un viejo fogón, casi inservible, en la que, al centro del piso de tierra, se observaba un extraño hundimiento lleno de ceniza. Ahí, se alojaba algo más maligno que misterioso. Aunque fuese de día, pisar esa ceniza, sentir el extraño crujir de los diminutos fragmentos de carbón, te hacia sentir vulnerable, como si, algo maligno asechara en el mismo ambiente. Había que irse ¡Ya!....
DIA DOS . El principio de la austeridad no republicana. En el campamento se practicaba la austeridad, en la alimentación, en el uso de recursos naturales, en los gastos innecesarios y lo superfluo. Se amaba tanto a los animales que, primero eran los consentidos y después los consentidores. Entre los consentidos se encontraban los caballos, las gallinas y los gallos de pelea; por cierto cada gallo tenia su propio cuarto, ya que eran muy picudos, dentro de un cuarto más amplio. Las gallinas aparte, en un colectivo más o menos pacífico de 30 miembros que compartían una habitación amplia fresca y con suficiente comida, también compartían "al mero gallo entre los gallos" ese que, en cualquier gallinero cantaba. El de los animales consentidores pues, más triste su caso, pues ellos tenían que producir el alimento para los consentidos, además de limpiarles su "caquita". y cuando digo alimento es literal, sobre todo el de los gallos de pelea. Doña Martina, la panter...