DIA DOS. El principio de la austeridad no republicana.
En el campamento se practicaba la austeridad, en la alimentación, en el uso de recursos naturales, en los gastos innecesarios y lo superfluo. Se amaba tanto a los animales que, primero eran los consentidos y después los consentidores. Entre los consentidos se encontraban los caballos, las gallinas y los gallos de pelea; por cierto cada gallo tenia su propio cuarto, ya que eran muy picudos, dentro de un cuarto más amplio. Las gallinas aparte, en un colectivo más o menos pacífico de 30 miembros que compartían una habitación amplia fresca y con suficiente comida, también compartían "al mero gallo entre los gallos" ese que, en cualquier gallinero cantaba. El de los animales consentidores pues, más triste su caso, pues ellos tenían que producir el alimento para los consentidos, además de limpiarles su "caquita". y cuando digo alimento es literal, sobre todo el de los gallos de pelea. Doña Martina, la pantera, gestionaba el suministro de capsulas de alimento preparadas con vitaminas, plátano y maíz molido, que el oso y el pato molían, en el molino de mano, un turno cada quien todos los días. No se piense que esto era trabajo, en realidad, era una técnica de formación integral, que incluía desarrollo de la musculatura, sudoración para eliminar toxinas, amor por la naturaleza animal. Los gallos dichosos, comían peladito y en el pico. Como digo, el caso de los animales consentidores, era, al menos, de otra naturaleza, ya que por ser aprendices del campamento, estaban sometidos a una dieta tan rigurosa como chino embotellado. Por si fuera poco de tanto animal, el desayuno era café negro con galletas de animalitos. Ahí se podía ver un zoológico en el puño y nadando, se era capaz de meterlo en la panza, suficientes animales para quitar la poca hambre de la mañana.
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