DIA TRES. La casa del mal.
El campamento se traslada hacia un antiguo cementerio, por causas de fuerza mayor- dijo el entrenador, y !fue todo¡. Con el tiempo descubrí que, en realidad se trataba de otra de las muchas pruebas que había que vivir. Una mesa de madera de cedro, algunas sillas , no recuerdo haber contado más de 6 y dos o tres catres, de estructura de madera con lienzo de hilo de ixtle. La casa de ladrillo expuesto sin revocar, consta de dos habitaciones, La de la entrada con dos puertas, una frente a la otra y en el costado este, la ventana que daba hacia una cocina rústica, lúgubre, con un viejo fogón, casi inservible, en la que, al centro del piso de tierra, se observaba un extraño hundimiento lleno de ceniza. Ahí, se alojaba algo más maligno que misterioso. Aunque fuese de día, pisar esa ceniza, sentir el extraño crujir de los diminutos fragmentos de carbón, te hacia sentir vulnerable, como si, algo maligno asechara en el mismo ambiente. Había que irse ¡Ya!.
Doña Martina, en las madrugada de todas las noches de la mañana se levanta y se dirige hasta esa cocina, 5:30 a.m., hasta que una madrugada muy oscura, esa presencia, la sujeta con violencia y la jalonea. Con mucho esfuerzo Doña Martina-dijo- pudo zafarse, de ese ente que no se materializa. Un gran susto. Para entonces no sabíamos donde estábamos parados o acostados. Así, de pronto, iniciaron los relatos, las vivencias de muchos hechos extraños: por las noches ya en la madrugada, Doña Martina, escuchaba el arrastrar de cadenas sobre el piso, ese sonido que le quitaba el sueño, la dejaba mortificada. Nuestro mundo empezó a cambiar, más de lo que ya había cambiado.
Una noche, después de reunir, unos muy pocos pesos, el pato y el oso, deciden ir al "Cine Lux". Ahí estaba Don Beto. El señor regordete, con el cinturón por encima del ombligo, que corregía a su hijo "Beto" con la tabla del clavo, a quien veíamos brincar como desnalgado y unos chillidos casi histéricos. Don Beto era el boletero, parado siempre a un costado de la taquilla. El pato hizo la propuesta. Don Beto dijo aquí esperen, obedientes y ansiosos por que ya había iniciado la película. !pasen rápido¡ extendiendo la mano para recibir las monedas. Casi corrimos a buscar un lugar, en las filas de atrás. Salimos más tarde de lo que hubiésemos deseado, apuramos el paso para recorrer las casi siete cuadras hasta la casa. subimos por el caminito, hasta el portón de madera y. lo miramos a la vez, casi mudos, sorprendidos- ahí no estaba cuando salimos de la casa. no nos atrevimos a pasar los escasos siete metros hacia la puerta de entrada. Juro que no exagero, era un toro enorme, nos miraba fijamente, amenazante, no se si era el efecto de alguna luz, pero sus ojos despedían un reflejo rojo. Prácticamente huimos de la entrada de nuestra casa. Le propuse el pato entrar por el terreno de un vecino de la otra calle. Al llegar a la casa gritamos muchas veces...!buenas noches!..!buenas noches! ingenuos, esperábamos una respuesta, hasta que decidimos atravesar en medio de la noche, entre el alambre de púas que dividía el terreno, lo atravesamos, justo a menos distancia de donde habíamos visto al toro, pero para nuestra sorpresa, ya no estaba. Nos apresuramos, pasamos justo a lado de la cocina, no sin que se erizara la espalda. Dormimos con miedo.
Ahora entiendo, conocimos el miedo, aprendimos que había algo inexplicable, y que se podía vivir con ello.
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